Blog Creado el 4 de Abril de 2011

miércoles, 20 de julio de 2011

Sueño en las Highlands Capitulo 1



1

Virginia,
Universidad de Virginia – la actualidad


Kenneth estaba cansado de siempre sufrir la misma suerte todos los días de su vida. Claro que no era mala, ni buena, pero siempre un punto, en que todo le salía de perros. Y ese era uno de esos días.

No en absoluto le había salido bien. Nada. Desde que comenzó su día, había ido de mal en peor y eso que ni siquiera había llegado a la mitad cuando recibió la noticia. Eso fue la gota que colmó el vaso. Nunca pensó que eso sucedería. Al menos en un tiempo cercano.

No creía que su tío Angus MacKenley fuera a fallecer tan pronto. Bueno tenía que admitir que su tío no era nada joven que digamos, pero eso no quería decir que el no llevara una vida sana, como hacía.

Saber esa noticia supuso una gran pérdida para Kenneth, ya que era la única familia que le quedaba hasta ahora viva. Sus padres habían muerto un par de años atrás, para ser más exactos a mitad de su carrera. Él no estaba preparada para la gran pérdida que eso supondría en él, pero casi estuvo de perder la carrera si no hubiese sido porque su profesor Connor White, que era como un segundo padre para él, lo hubiese hecho salir de su depresión, de casi más de dos semanas, las cuales no le resulto nada fácil recuperar. Estaba más que contento en ese aspecto, bueno de que por lo menos le quedará aún alguien cercano.

“Hablando del rey de roma” pensó. Allí a casi diez pasos estaba su profesor de Arqueología favorito. No lo dudo dos veces y avanzo asía él.

-¡Hola Doctor C! – lo llamó mientras caminaba en largas zancadas asía él.

-Kenneth MacKenley nunca piensas cambiar verdad. – era una afirmación, no una pregunta. Kenneth le había puesto ese gracioso apodo a su maestro como una simple broma de estudiante a su maestro, pero ya se había acostumbrado tanto que yo no importaba a su maestro en lo más mínimo. Recordó con una gran sonrisa como se había puesto de molesto su maestro luego de que lo reprendiera por ponerle tan tonto apodo.

-¡Claro que no! – contesto Kenneth con una gran sonrisa que le iluminaba el rostro. – Y dígame ¿qué hay de nuevo viejo? [1]

-Muy gracioso Kenneth, pero no soy tan viejo como parezco. – dijo el maestro de Kenneth en su defensa.- Nada. Si te refieres a lo de la graduación, no hay nada más.

-Eso era justo de lo que hablaba Doc. Y ya supo ¿quién se va a graduar con honores este año? –pregunto tirando una pulla invisible a su maestro.

-Claro que si no soy tonto. De verdad pensé que no lo lograrías después de lo que te paso. Yo de verdad… - Kenneth lo interrumpió antes de dijera lo que tanto no le gustaba escuchar.

-No importa Doc, de verdad. Ya todo eso quedo en el pasado.

-Y siento mucho lo de tu tío Angus.

-Gracias. Bueno no pensaba que eso le iba a suceder en tiempo cercano.

-Solo Dios sabe cuándo es el momento. Él solo te estaba dando señales.

-Ya lo creo, pero bueno ya es demasiado tarde para hacer algo. Y ya no me vera por aquí Doc.

-¿Cómo…? ¿Pero por qué? – pregunto el maestro de Kenneth un poco confuso.

-Bueno como ya sabrá mi tío acaba de fallecer y me ha dejado una herencia de la cual no puedo vender, dígase una gran mansión en las Highlands.

-¿Cómo que no la puedes vender? Eso estaba estipulado en el… - Antes de que terminará Kenneth lo interrumpió de nuevo.

-Testamento. Sí. Por más que quiera, no la puedo vender. Y sinceramente preferí mudarme allá. Ya está todo dispuesto para cuando me vaya a marchar.

-Bueno has tomado una buena decisión. Espero que te vaya bien, en lo que decidas.

-Gracias Doc. Nos vemos. – se despidió Kenneth de su maestro, y le dio un cordial abrazo.

Y así empezó a ponerse patas arriba la vida de Kenneth.



***

-Sí señor Kenneth, es como está estipulado en el testamento, que su tío me hizo redactar meses antes de su muerte. No puede vender la mansión, ni lo que la misma contenga. – dijo la notaria[2] que su abuelo había contratado. – Él también le dejo este sobre junto al testamento. Y me dijo que solo debía de ser abierto por usted y nadie más, además de que no deben de saber el contenido del mismo.

Kenneth se quedó un poco sorprendido por lo que le decía la notaria. Era extraño que su abuelo ocultara algo y más a él. Pero era más extraño que no se lo hubiera dicho en años. Pero bueno decidió no cuestionar las razones de su abuelo y miro a la notaria y le contesto:

-Gracias, por hacérmelo saber. ¿Tiene algo más que decirme?

-No. – negó la notaria rotundamente.

-En ese caso, me marcho. – se levantó de la silla en que estaba sentado y le estrecho la mano a la notaria. Luego salió de la oficina tan silencioso como había entrado esa misma mañana.

Luego de que se fuera la notaria dijo para sí misma. –Pobre muchacho, perder a su única familia. – ella conocía al tío de Kenneth desde hace poco, pero era una persona muy amable y afable. Lástima que ya no estuviera en este mundo más. Sí. - se dijo -Es una lástima.


***


Kenneth ya estaba divisando la gran mansión de su tío ya fallecido. Se le encogió el corazón de solo pensar en el de nuevo. No había abierto el sobre, porque si lo habría encontraría cosas, que tal vez no le gustaran. Era mejor esperar a estar bien instalado en la mansión y ver qué es lo que había heredado.

Ya podía ver la magnífica entrada de la mansión y se sorprendió, de cuán grande era.  Su tío siempre había invitado a su hermano, el padre adoptivo de Kenneth a la mansión, pero no pudieron, venir nunca. No tenían el dinero suficiente para costearse un viaje para tres personas a Escocia. En algunas ocasiones se había imaginado la mansión de su tío pero, nunca de esta manera. Nunca tan grande.

Dios pensó aquí cabria una familia enorme. Si definitivamente.

Ya en la entrada, que por cierto era bellísima, como diría su amiga de la universidad Vanessa Johnson. Su amiga de la universidad tenía un buen gusto para las cosas, y pensaba que le había pegado un poquito ese hábito por las cosas también.

Al aparcar el coche un señor de edad mayor y una joven salieron y se pararon en la puerta de la entrada. Dedujo por su aspecto que deberían ser el mayordomo y la criada, de la mansión. Su tío nunca le había mencionado nada. Bueno si se ponía a pensar de esa manera se daría cuenta de que su tío le había dicho muy poco de su vida, pero se dijo que más da. Bajo del coche y se dirigió a la puerta de la entrada y dijo:

-Hola, soy Kenneth el sobrino de Angus. – dijo en tono afable.



-Buenos días, mi laird[3].- dijo cortésmente el mayordomo.

-Muy buenas, mi laird. – repitió la criada en tono un poco nervioso.

¿Laird? pensó Kenneth. Él no era ningún laird y era mejor sacarlos de esa equivocación.

-No. Se equivocan, yo no soy un laird. – dijo Kenneth rápidamente.

-No. No nos equivocamos, señor. Usted es el laird del castillo.

-Sí –respondió un poco menos nerviosa la criada. – Como le acaba de decir Alfred, el que hereda este castillo pasa a ser el laird del mismo. –terminó de contestar la criada mirándolo a los ojos.

-Bueno, no lo sabía. ¿Y tú cómo te llamas muchacha? –pregunto dirigiéndose a la criada. La criada se sonrojo visiblemente antes de responderle.

-Me llamo… Bell MacRae y él es Alfred Fargues –dijo señalando a el mayordomo que estaba a su lado.

-Mucho gusto conocerlo, mi laird.

Kenneth nunca se iba a acostumbrar a que lo llamasen por ese título. Definitivamente no. Se sentía bastante incomodo de por sí solo. Pero tenía que acostumbrarse, de ahora en adelante, porque así iba a ser hasta el final. Decidió no pensar más en eso y le dedico una sonrisa deslumbrante a Bell y a Alfred y pregunto:

-¿Por dónde comenzamos?




[1] Hace referencia a la frase que dice el Looney tune Bugs Bunny: ¿Qué hay de Nuevo Viejo? Le está tomando el pelo.
[2] Notario (latín notarius) es, en términos generales, un funcionario cuya intervención otorga carácter público a los documentos privados, autorizándolos a tal fin con su firma.
[3] El título Laird es el equivalente escocés a la de un hacendado de Inglés en el sentido de que se trata de un título de cortesía y no da al propietario el derecho a sentarse en la Cámara de los Lores.


Scarlett Javier B.

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