Blog Creado el 4 de Abril de 2011

sábado, 6 de agosto de 2011

Más Allá de Un Sentimiento 1era Parte

Hola! 
Aquí les dejo la primera parte como les prometí.
Marzo de 1670
La señorita Elizabeth Pemberlid estaba cansada de repetir siempre lo mismo. No  estaba de acuerdo en casarse con el Conde Henrick Devereux. No. No estaba tan desesperada como para casarse con el. Si tan solo hubiera algo que ella pudiera hacer, por minima cosa que fuera, lo haría sin dudar.

Estaba de pie junto a la chimenea intentado calentarse tras haberse caído en el lago, dando un paseo en bote, en un lindo día de primavera. Aunque los días eran cálidos, las noches eran definitivamente  frescas. Estaba tan ensimismada en sus pensamientos que no reparo en la presencia que había detrás de ella. Al darse cuenta de aquella presencia se dio vuelta bruscamente, para encontrarse con el Conde Devereux.

Él estaba bien vestido como siempre con su camisa inmaculadamente blanca, además de sus pantalones bien arreglados, tenía su cabello también muy bien arreglado.  No sabía que exactamente  le molestaba de ese individuo en especial, pero no estaba interesada en averiguarlo. Además estaba tan molesta por haberla sorprendido de esa forma que trato de disimularlo lo mejor que pudo.

-         Sir Devereux, que sorpresa que este aquí.

-         Es todo un placer.

-         Y dígame Sir Devereux ¿que lo trae por aquí en un día como este?

-         La razón de esta inesperada visita es que estaba preocupado por usted. Dado que me comentaron en el pueblo de que usted había tenido un horrible accidente en bote y en cuanto lo supe viene lo más rápido que he podido.-contesto tan sinceramente que casi la mismísima Elizabeth creyó que hablaba con mucha sinceridad.

-         Bueno ese comentario es un poco exagerado ¿No cree usted?-Respondió Elizabeth y luego le dedico una sonrisa sincera pero un poco maliciosa- Dado que estoy en perfectas condiciones como puede observar.

-         En eso usted tiene razón, dado que si se encuentra bien, sí. -Dicho esto el Señor Devereux se preparaba para marcharse pero titubeo un momento antes de añadir- ¿Señorita Pemberlid?

-         ¿Si, Sir Devereux?

-         Tiene que venir conmigo mañana por la noche a un baile que se celebrara en la finca del Conde Rockland, dado que yo estoy invitado, y no me gustaría llegar sin  mi pareja, tiene acompañarme.

-         No creo poder ir, Sir Devereux, ya que ese día tengo compromisos pendientes.

-         En ese caso, tendré que hablar con su madre a ver que opina sobre esto…o simplemente tiene que dejar esos compromisos sin concluir.

-         Estaré lista.

Dicho esto se marchó el Señor Devereux. Estaba cansada de fingir, de parecer una dama correcta, hueca, una dama que no sabía nada. Pero ella más que nadie sabía que tenía un espíritu salvaje, que nadie más había visto, y el casarse no se lo iba a impedir, ya no iba a ser más la mujer buena que todos conocían, sino que iba a ser lo opuesto de ella misma, iba a ser la que no le importaba los comentarios y cotilleos del pueblo. Y así seria a partir desde ese mismo día. Pero tenía un pequeño inconveniente y ese era como llamar la atención. Se arrelleno en la butaca cercana a la chimenea para trazar un estrategia y en eso no pudo resistir mas y sucumbió al sueño. Se quedó tan profundamente dormida que despertó agitadamente y adolorida en la madrugada.

***

De camino al baile Elizabeth ya tenia el plan perfecto para que su prometido la dejara más rápido de lo canta un gallo. Y efectivamente cuando llegara al baile su prometido se arrepentiría de haberla llevado a él. En el mismo momento de haber tenido ese pensamiento, acababan de llegar al baile, y como siempre la cortesía de Henryk no fallaba en eso ya que como todo un caballero él la ayudo a salir del carruaje.

Cuando ella estuvo en la entrada de la mansión del Conde Rockland, le entro un nerviosismo casi perceptible pero ella, se dijo a si misma que tenía que controlarse porque si no su plan se iría a la basura y eso de nada serviría. Así que se controló lo más que pudo. Al cruzar la entrada su plan ya estaba en marcha, tal como lo había planeado.

Ya presentada con todas  las personas del baile empezaría a causar estragos en él, pero justamente en el momento en que iba a hacer una escena una de sus amigas que no había visto hasta ese instante se le acerco con una gran sonrisa y esa era Charlotte Di Berone. Era su mejor amiga, su confidente, era como la hermana que nunca tuvo. A su madre no le hacía mucha gracia que la tratara de esa manera, pero en algunas ocasiones la dejaba porque ella misma había sido hija única y sabía perfectamente cómo se sentía.

-         Elizabeth ¿Qué te pasa? Te ves un poco extraña hoy, es que no te sientes bien.

-         No, no es eso. Simplemente, es que no soporto que me esté adulando tanto mi prometido ¡Oh Dios, como detesto eso!

Su amiga soltó una risilla con mucho humor.

-         ¿Qué es lo gracioso?

-         El simple hecho de que tu prometido no se haya dado cuenta aun.

-         Bueno es  un milagro, y es mejor que siga siendo así. Créeme. Bueno creo que iré a tomar unos cuantos tragos, ya quiero divertirme en grande hoy. – le dedico una pícara sonrisa a su amiga Charlotte, la cual ya sabía a lo ella se refería.

Elizabeth se dirigió directamente a buscar unos cuantos tragos. La noche había transcurrido con mucha normalidad para los demás invitados, pero para Elizabeth no fue así. Estaba tan tomada que no se dio cuenta de que alguien la agarro por el brazo hasta que le dieron la vuelta un poco bruscamente, y era precisamente su prometido. Se notaba en su mirada que estaba enfadado, por como los otros invitados la estaban viendo atragantándose de licor. A Elizabeth no le importó lo más mínimo esa mirada al contrario, estaba encantada de que por fin su respetable prometido tuviera un poco de valor para mirarle mal aunque fuera.

-         Querida ya has tomando demasiado, creo que hora de irnos.
Elizabeth trato de no caerse y encontrar la voz. Pero en vez de eso se soltó bruscamente de su prometido y le contesto con toda la dureza que su voz pudo expresar.

-         No lo creo, esta fiesta está demasiado entretenida como para irnos, porque yo esté un poco pasada de copas.

-         No. Creo que estas más que pasada de copas.

-         ¡Cállate! Ya me tienes harta con toda es caballerosidad, aburres Henryk ¿Sabes? – después de haber dicho esto se fue hecha toda una furia, porque su prometido, había roto su falsa alegría con un comentario tan desagradable como aquel.

No sabía cómo rayos había llegado al patio, pero lo que sabía es que se estaba sintiendo un poco mareada. Debía de encontrar un lugar en donde sentarse, porque si no lo hacía corría el riesgo de desmallarse en medio del jardín del Conde Rockland, y sí que no quería eso.

Así que decidió sentarse en un banco, que diviso cerca de un gran árbol. No se percató de que alguien estaba cerca de ella hasta que fue tocada en el hombro. Ella estaba segura de que no había nadie allí, pero no era del todo cierto. Cuando ella se dio la vuelta casi se cae del susto con el hombre que vio detrás de ella.

-         Discúlpeme mi lady – contesto el extraño – ciento haberla asustado no era mi intención.

-         No. No se preocupe, pero casi me mata de un susto. Pero ¿Cómo se llama usted? Claro si se puede saber.

-         ¡Oh! Discúlpeme por no haberme presentado soy Damon Salvatore, y usted mi bella dama ¿Cómo se llama?

-         Yo soy Elizabeth Pemberlid, mucho gusto en conocerlo.
(Se estrecharon las manos cordialmente y luego el caballero Damon se sentó a su lado y procedió a preguntar:)

-         No es molestia que me siente a su lado ¿o sí?

-         No, no es molestia – Elizabeth pensó que de esa manera su prometido entraría en cólera cuando la viera charlando con un prácticamente desconocido caballero, eso le enseñaría a no ser tan aguafiestas por su parte. Se sintió tan bien con Damon que no se dio cuenta de la hora que era hasta que sonaron las 12  campanadas de media noche, al principio se asustó un poco son ese sonido, pero luego se tranquilizó, ya que su prometido la dejará en paz.
-         ¿Le pasa algo señorita Elizabeth? La noto extraña.

-         Solo estoy un poco cansada, eso es todo.

-         ¿Cansada de qué?

-         Cansada de… de todo. De mi madre, de mi compromiso, de mi vida y también de mi prometido que ¡ya no lo soporto!

-         ¿Tu estas prometida?

-         Si lo estoy desde antes de nacer y estoy cansada ya de todo esto ¡No lo soporto más!

(Elizabeth no pudo contener más las lágrimas y empezó a llorar)

-         No llores más. Vamos a lavarte la cara, para que no noten que has llorado.

-         Está bien, usted gana.

(Se levantaron)

-         Me siento mal.

-         ¿Qué…?

(Elizabeth se desmayó sin darle tiempo a responder la pregunta. Damon la levanta y en el momento en que la tiene en brazos llega Henryk)

-         ¿Qué crees que estás haciendo?

-          Yo… yo… ella…

-         ¡La drogaste desgraciado!

-         ¡No! Estas muy equivocado, no sé qué le paso, solo se desmayó.

-         ¡No lo creo!

-         ¡Pues cree lo que quieras! Yo no tengo la culpa de lo que a ella le haya pasado.

-         Pues en ese caso, te pido que me devuelvas a mi prometida, ahora!.

-         No ella no es un objeto, el cual puedas reclamar como si tal cosa.

-         No es un objeto, pero es mi prometida.

-         Está bien, no quiero problemas y ni tampoco que lo malinterpretes.

(Damon le entrega a Henryk su prometida y se marchan de la escena)
*SE CIERRA EL TELÓN*
Continuará..... ;)

Booky! ^^

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