Blog Creado el 4 de Abril de 2011

domingo, 7 de agosto de 2011

Sueño en las Highlands Capitulo 3




Kenneth despertó un poco más descansado que de costumbre. Luego de levantarse de la cama se dirigió a darse una larga ducha fría.

No podía pensar en otra cosa que en el tesoro de la familia. Cuando había terminado de leer el diario había encontrado un pequeño mapa y estaba seguro de que llevaba a algún lado.

Había terminado de vestirse cuando llamaron a su habitación. Era Bell que le decía que ya estaba servido el desayuno. Kenneth asintió, pero antes de seguirla tomo el mapa y escondió el diario en la Cómoda[1].

El desayuno transcurrió sin ningún inconveniente. Después de que termino le pidió a Bell que le enseñara la última planta, la cual según sus cálculos sería la cuarta planta, si no se equivocaba. Y no estaba equivocado.

Cuando llegaron a la cuarta  planta el panorama que tenía la planta era deprimente.

-¿Está planta del castillo la limpian? – pregunto Kenneth.

-Sí señor, dos veces por mes.

-Entonces, ¿Por qué esta así…?

-Bueno lo que pasa es que todavía no han terminado de instalar la electricidad en esta planta.

-Ahhh… bueno en ese caso voy a ver hasta donde la han puesto. Ya te puedes marchar Bell, a hacer tus quehaceres, gracias.

Bell dudo un momento antes de marcharse y le dijo:

-Señor MacKenley, tenga cuidado, con el fantasma.

Fantasma[2] ¿Qué fantasma? Kenneth estaba interesado en saber de qué estaba hablando Bell así que le pregunto:

-¿De qué hablas Bell? ¿Qué fantasma?

-Bueno… - tomo una larga respiración antes de contestar – Dicen que todavía en este castillo ronda el espíritu de una bella dama que busca venganza, por lo que le hicieron.

-¿Qué fue lo que le paso?

-A ciencia cierta, nadie sabe. Algunos dicen que fue envenenada por su prometido, otros dicen que la mato por su fortuna. Nadie sabe lo que en realidad le paso.

-Bueno, como no creo ese tipo de cosas no hay problema. Así que ya te puedes retirar Bell.

Y sin más se fue Bell. No era que Kenneth no creyera en eso, sino que esas historias le distraían de su verdadero objetivo el cual era, saber que era el tesoro de la familia y su paradero.

***

Kenneth ya se estaba empezando a cansar. Se supone que debería haber cinco habitaciones, no cuatro eso era muy extraño. Siguió el oscuro pasillo con su linterna. Gracias a Dios que la había llevado, porque había una sección del pasillo que estaba oscura como la boca de un lobo.

Siguió caminado hasta que pudo ver un cuadro extraño al final de la pared. Cuando llego al final del pasillo y pudo ver bien, se quedó sorprendido y un poco curioso. ¿Por qué el cuadro no estaba abajo con los demás?

Según recordaba Alfred le había contado que ese era el retrato de una joven del siglo XII sino se equivocaba. Según relatos nadie sabe aún su paradero. Dicen que desapareció una noche y que no volvió más. Su hermano, que se volvió laird, mucho antes de su desaparición, creo una tradición que los aldeanos, aún siguen con mucho cariño, después de tantos siglos.

Según lo que Bell y Alfred le habían contado, la tradición constaba en dejar flores de lavanda y velas del mismo color para la joven hermana de laird.

-¿Pero cómo se llama la joven? – había preguntado Kenneth curioso al fin.

-Dicen que se llamaba Eileen MacKenley. – contesto Bell, como recordando viejos tiempos. –Dicen que era tan bella, como una princesa, de ahí surgió su apodo.

-¿Cuál apodo? –había preguntado Kenneth, curioso por donde estaba llegando el relato.

-Le llamaban la princesa la princesa de las Highlands –contesto Bell soñadora.

Kenneth se quedó mudo, pero más aun de que hubiera retratos de “La Princesa de las Highlands”.  Su belleza le daría envidia a cualquier mujer de la actualidad pensó.
Saliendo de sus pensamientos se sacó el mapa del bolsillo delantero del pantalón y lo observo vio que el mapa señalaba una puerta la cual no existía ¿O sí?

Quizás fuera cubierta, para que no la encontraran. Bueno si era así, eso definitivamente explicaría, el por qué no estaba a simple vista. Detrás el mapa tenía unas instrucciones, las cuales Kenneth había seguido al pie de la letra, pero al final había un pequeño acertijo el cual no podía adivinar que  era y decía así:

Si de verdad tienes buen corazón tienes que demostrarlo ¿Pero cómo? Te preguntaras. Tienes que resolver este acertijo y si lo consigues, de verdad eres digno de ello.

Acertijo:

Dos manos debajo de ella estarás, más tres a tu izquierda tendrás que pasar. Toca duro si quieres que se abran muchas puertas.

Kenneth no la entendió muy bien, pero luego de ver la pintura supo que era.

-¡Claro! –Se dijo a sí mismo- que tonto he sido.

Kenneth conto dos manos debajo de la pintura y luego tres más a su izquierda y presiono la piedra fuerte. Al principio la piedra cedió, pero no escucho nada, luego unos segundos después, se escuchó unos engranajes y después solo pudo escuchar un gran “clic”.
Cuando termino de empujar la pared cedió como si fuera una puerta. Entonces salió un suave olor a lavanda, que inundo todos sus sentidos. Termino de abrirla y alumbro la habitación y lo que vio allí dentro lo dejo sin palabras.

***

No podía creer lo que sus ojos veían. Era una habitación común y corriente, pero llena de polvo, pero por lo que se podía ver no había sido abierta en días, quizás en años, hasta siglos tal vez.

Cuando se disponía a salir de la habitación vio una gran caja de cristal cubierta de polvo, sobre una base de piedra preciosa. Comenzó a caminar hacia la caja de cristal, cuando llego a ella la alumbro con su linterna, vio que en ella estaba grabada una gran rosa de oro. No podía creer lo que estaba viendo era la misma rosa del diario, y eso solo quería decir algo. Estaba ante el tesoro de la familia.

Siguió alumbrando la gran caja de cristal por los lados, y descubrió unos pequeños grabados de flores que dejaban ver un poco del interior de la caja. Decidió hincarse a unos de los costados para ver adentro de la caja, y lo que vio lo dejo sin palabras. Adentro de la caja había una persona. Y estaba viva. No se dijo. No eso es imposible. Es decir, es imposible, que allá ay dentro una persona viva. Esto tiene que ser una broma pensó. Pero para que hablar mentiras, la persona que estaba ay dentro estaba viva, de eso no cabía duda.

Kenneth decidió entonces, encontrar una ventana, y se levantó de donde estaba. Con la linterna empezó a buscar una ventana, hasta que la encontró detrás de una cortina bastante gruesa, y fue a destaparla y abrirla. Cuando le quito la cortina mucho polvo se esparció por todo la habitación, Kenneth estaba que tosía de tanto polvo, y trato de abrir la ventana desesperadamente, hasta que lo consiguió y pudo respirar un poco de aire fresco.

Ya recuperado el aliento, Kenneth se dispuso a descubrir si eran verdad sus sospechas. Camino de nuevo hacia la caja, pero esta vez dejando la linterna encima de una cómoda, que había visto al entrar a la habitación. Cuando llego a la caja trato de encontrar algo, para la levantar la tapa de cristal, y encontró dos puños a cada lado, pero se necesitaban dos personas para poderla levantar. Así que no tenía más opción que hacerlo él solo.
Agarro dos puños y empezó a levantar la pesada tapa de la caja. Era tan pesada que casi se cae de espaldas con todo y tapa, pero milagrosamente pudo levantar y pararla enfrente de él. Luego la recostó de la pared, y cuando despego las manos de los puños, se cortó el dedo índice. Maldijo para sus adentros. Logro superar el dolor inicial del corte, y se volvió a ver lo que se encontraba dentro de la caja y lo que vio no lo dejo mudo.

-Dios mío….- fue lo único que pudo decir en una circunstancia como esa.



[1] Una cómoda es un mueble bajo y de amplios cajones para guardar la ropa o diferentes objetos.
[2] Los fantasmas (del griego φάντασμα, "aparición"), en el folclore de muchas culturas, son supuestos espíritus o almas desencarnadas que se manifiestan (aunque no de forma sagrada o hierofanía) entre los vivos de forma perceptible (por ejemplo, tomando una apariencia visible, produciendo sonidos o aromas o desplazando objetos —poltergeist—), principalmente en lugares que frecuentaban en vida, o en asociación con sus personas cercanas.

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